martes, 19 de julio de 2011

Vivir en la Edad Media (II)

La fiesta medieval venía a emparentarse, a rememorar aquél lejano tiempo de las Escrituras donde el hombre, a través de Adán, vivía sin trabajar. Comenzaba con la conmemoración de los ancestros, en pleno otoño, con la festividad de Todos los Santos y los Fieles Difuntos (1 y 2 de noviembre), para continuar con la matanza y la apertura de bodegas para San Martín. La fiesta de Pascua (domingo siguiente a la luna llena posterior al 21 de marzo) marcaba el comienzo del año litúrgico, con sus festividades de Navidad (25 de diciembre), Todos los Santos (1 de noviembre), la Ascensión o Asunción (15 de agosto, impuesta a partir del siglo XIII dado el impulso sufrido al culto mariano) y el Corpus Christi (al sexagésimo después de la Pascua de Resurrección). La Iglesia puso empeño, a la postre frustrado, en desterrar la nomenclatura romana de los días de la semana tales como los conocemos en honor a sus dioses por los “tercera feria”, “cuarta feria”, etc. El hombre medieval de Berninches y extramuros, se guiaba en su referencia del espacio tiempo por las fiestas eclesiásticas; así, la matanza se asociaba a San Martín, el pago de rentas a San Miguel, el nombramiento de caballeros a Pascua o Pentecostés…

martes, 12 de julio de 2011

Vivir en la Edad Media (I)

El siglo XIII, viene empobrecido de datos para nuestro caso. Tan solo podemos reflejar a lo largo de esta centuria sendas menciones al Collado, a través de lo que ya constituía una edificación de relevancia en la zona: el hospital o casa de enfermería. Así, a 27 de noviembre de 1218 Fernando III concede a la Orden de Calatrava el derecho a extraer anualmente 12 cahíces de sal de sus salinas de Medinaceli, con la pretensión de cederlos a la casa enfermería de El Collado (1). Situación que confirma su hijo, el rey Alfonso X, en 9 de octubre de 1255, en los mismos términos que estableció su padre (2). La sal, constituía un bien preciado en el Medioevo, pues de su uso era posible prolongar la conservación de alimentos mediante la salazón, o aplicarla para la curación de heridas y yagas, entre otros usos. Nada más tenemos de momento relativo a escritos del siglo XIII en que se mencione a Berninches o sus términos... Por ello, tomaremos unos momentos para rellenar el vacío de esta centuria en los que desgranar el modo de vida que regía aquella época. Un resumen de la vida cotidiana del pueblo durante la Edad Media, que tendrá el objeto de aproximar los usos y costumbres en el contexto de su tiempo. Una semblanza que nos llevará algunos capítulos, y que esperamos disfrutéis a través de sus coincidencias y oposiciones al modelo de vida actual. Comenzamos...

martes, 5 de julio de 2011

Romance de la Morería

Paróse en una mañana
la moza entre la junquera
por ver si clavando hinojos,
su sed del río prendiera.

Arlés viene a ser su nombre,
manantial a media legua;
granando en verde la orilla,
que al cauce del Tajo, pecha.

En tanto besan sus labios
el cristal del agua fresca,
trae el viento entre los chopos
ruidos de gentes de guerra


¡Cuernos de batalla suenan,
allá en mitad de la vega!
¿Do ha de esconderse la niña
y que la daga no hiera?.

Entre mimbres y cañizo,
quedó la dama morena;
con su cántara cual arco,
con los juncos por almena.

Arriba de la colina,
hacia su cara siniestra,
hombres hay de media luna,
van mas de mil en hilera.

A la parte que hace frente,
subidos en la cimera,
no mas de quinientos son
bajo cristiana bandera.

Marchan altos estandartes,
se ajuntan hombres y bestias,
los peones con sus picas,
los caballeros, a espuela.

martes, 21 de junio de 2011

El Val de la Matanza

No deja de ser sorprendente encontrarte frente al nombre de un paraje, que físicamente parece haber desaparecido de los términos en los que debiera hallarse. Tal cual se presenta, si vuesa merced deseara indagar sobre el denominado "Val de la Matanza" (1), mencionado tanto en papeles de Auñón como de Berninches, desde el siglo XIV. Pero, como ya reconocen por aquellas añejas crónicas, ni unos ni otros saben dónde está... ¿Es posible la desaparición sin dejar rastro de un terruño?. ¿Queda pues en el lugar que debiera haber ocupado un agujero negro, una sima quizá que conecte con el centro de la Tierra...? "¡Quiá!", que dirían por nuestra mojonera, sin tener siquiera que leer a Descartes. "Nada desaparece, solo se transforma".  Para tirar del hilo de esta irrefutable conclusión, debemos en primer lugar situarnos geográficamente.  El misterioso Val, debiera de hallarse frontero entre los términos de Auñón y Berninches, a tenor de que parecen por los escritos detentar su posesión ambas villas. O  bien que en su extensión, incluyera parte de terreno de sendos términos. Esto nos acota la búsqueda a la mojonera que comienza por la Peñuela, y discurre por los altos de Valdepedro y el Molar, hasta más abajo del Cominar, ya en la vega del Arlés.. Para entendernos, casi 6 kilómetros de linde, en busca de un val o vallecillo. Con ciertas connotaciones, y algún comodín (el del legajo y la tradición oral) en la búsqueda.

martes, 14 de junio de 2011

Once moros

Casi una docena de árabes, costó Berninches.  A partir del establecimiento de la Orden de Calatrava en el centro peninsular, fué ganando músculo a costa de permutas y donaciones (reales o papales ) que acabaron confiriéndole un poder de primera magnitud. Para el caso que nos ocupa, se eligió la antigua Çorita (hoy Zorita) como centro de dominio territorial en la zona, dada su estratégica situación a orillas del Tajo, con un puente que comunicaba las alcarrias con la recién conquistada Cuenca. La vigilancia de aquél paso resultó crucial desde tiempos visigodos, tomando el relevo de la vecina y ya arruinada Recópolis, que ejercía por entonces de centinela en el tránsito hacia el Levante. En la cima de su cerro, aprovecharon un castillo imponente en el que albergar a los caballeros o freires de la Orden, e irradiar desde allí su poder religioso, político y militar. Zorita constituyó la delegación para las tierras de las alcarrias de los mandamientos de la sede madre, en el castillo de Calatrava; y aún de Salvatierra, cuando la plaza fuerte manchega cayó momentáneamente en manos almohades. El sobrenombre "de los Canes", cuentan le viene por las jaurías de perros propios de la Orden que rondaban a los pies de sus murallas, a modo de centinelas.

martes, 7 de junio de 2011

Huete y Monsalud

Cuando en 1124 se escriben los poblados de la tierra de Zorita y Huete que Alvar Fáñez, mano derecha de Rodrigo Díaz de Vivar, tenía para la Corona de Castilla; no figura Berninches en la relación. Quizás por ese minimalismo que suponía ser por entonces una humilde granja, frente a villas y lugares que ya mantenían o iban adquiriendo un notable prestigio en pleno Medioevo. Uno de ellos era Huete, que acabó tomando el relevo a Santaver como plaza fuerte de la comarca junto a Uclés y Zorita por aquella cuenca del Tajo. Sin tener constancia hasta la fecha por escrito alguno, son bastantes los doctores medievalistas como Plácido Ballesteros (1) que suelen inclinarse a la opción de que la granja de Berninches  se mantuvo adscrita durante estos primeros dos tercios del siglo XII al alfoz de Huete. Por “alfoz”, entendemos el conjunto de pueblos o barrios que dependen de otro principal, si bien el profesor Jose Mª Sánchez Benito extiende los tentáculos norteños de Huete en esta época hasta Alocén, sin incluir en ellos a Berninches (2).